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miércoles, 21 de marzo de 2012

Soez : Antesala




Recorro en mi imaginación escenarios lúgubres, sencillos, solitarios. Mientras hago esto limpio mi pensamiento de preocupaciones cotidianas, de inseguridades.
Me inspiran reposo... y tranquilidad.
En estos escenarios lo único que me moviliza es la curiosidad. Es como si volviese a ser una infante.

Cuando niña tuve ocasión de visitar tres casonas habitadas tan sólo por sus cuidadores.
Eran grandes y tenían muchas habitaciones.
La primera de ellas se empleaba como estudio de grabación de música. Tenía un pequeño jardín al frente lleno de maleza que invadía el estrecho caminito de lajas que conducía a la entrada. Sobre la puerta, a modo de resguardo, un techito de hierro y vidrio de colores con forma de mariposa. No recuerdo la recepción, sólo recuerdo el primer piso porque allí había un pasillo con dos puertas a cada lado y una al fondo. No se me permitía ingresar en estas habitaciones, sólo mirar desde sus entradas. Como estaban en la penumbra, sólo podía descifrar en sus interiores algún que otro mueble borroso.
Había además, en no se qué otra parte de la casona, una escalera caracol muy estrecha, empinada y oxidada que llevaba a un altillo de techo bajo, vacío excepto por las acumulaciones de polvo y pelusas de sus rincones, en donde se filtraba la luz por ciertas hendijas que había entre las tejas del recubrimiento exterior.

La segunda casona, más grande y menos ornamentada, funcionaba como comité político. Allí se reunía de vez en cuando gente mayor y seria, a discutir sobre decisiones a tomar.
El cuidador de ese edificio tenía una hija algunos años mayor que yo. Era ella más o menos amiga mía, aunque ya ni recuerdo su rostro o su nombre.
Cuando la niña acompañaba al padre en sus tareas cotidianas, me invitaban para que ella tuviese con quién distraerse de la monotonía.
Yo vivía justo enfrente, y estaba siempre sola y disponible, era para mí emocionante ir allí a pasar la tarde.
Este sitio tenía el techo muy alto, pisos de baldosa gastada en damero y las paredes que fueron blancas cuando recién pintadas, ahora eran grises por los efectos del hollín.
Conocí en ella al menos una habitación con apenas un escritorio astillado y piso de pinotea, con un enorme ventanal que comunicaba con un balcón terraza.
Entraba mucha luz.
Toda la casa era copiosamente polvorienta y, particularmente en el sótano, se sumaban al polvo muchas telarañas, algunas viejas y abandonadas, y otras con su respectivo bichito bien aseadas y prolijas.
En el sótano guardaban cajones con sifones de soda, vacíos total o parcialmente. Así que la diversión aquí constaba de agarrar los sifones con restos de soda y apuntar a las telas de araña para romperlas... cosas de niños... dejábamos todo hecho un enchastre entre carcajadas y, por supuesto, retos.

La tercer casona se destinaba a salón de fiestas.
Esa casa era cuidada por una señora mayor y achacosa. Y como era salón de fiestas, la señora mantenía con mucho esmero todo en ese lugar en un impecable estado de higiene.
La pista de baile estaba en el subsuelo. Era rectangular y su piso era de cerámica color crema y negro. Relucía por los efectos del lustre.
Del techo pendían tiras de spots y en el medio la clásica esfera de espejitos cuyo nombre apropiado desconozco.
En la planta baja se encontraban las demás dependencias; servicios, cocina/comedor y un fondo compuesto de pasillo y patio al aire libre con pérgola de parras.
A veces la señora cocinaba galletitas y me convidaba. Le salían muy ricas.
Si no recuerdo mal, mi madre le pagaba unos pesos por cuidarme una o dos horas.


Así es que pasé tres años, de mis siete a mis diez explorando estos lugares que han dejado evidentemente una impronta en mí. Y de estas experiencias nació la serie de dibujos que bauticé "Tres", de la que seguramente dé más detalles en otra entrada, pero que básicamente incluía (no siempre) tres puntos de fuga aplicados a arquitecturas simples robadas a mis recuerdos vagos e imprecisos.
Los dibujos que componían la serie no tenían nombre al principio, pero cuando los rehice en Photoshop fueron finalmente bautizados, como éste de aquí junto, que se intitula "Antesala".


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